LA REINA MAB
En los siglos XVI y XVII muchos poetas hacían de Mab la reina de las hadas, en particular las diminutas. En Inglaterra muchas de estas hadas descienden de las
antiguas aristocracias hadas de los tiempos del rey Arturo.
Estas primeras hadas casándose con humanos y con otras razas élficas, dando como fruto de estas uniones estas hadas menos poderosas, más populares y pequeñas, que son las más frecuentes en la época isabelina y jacobea.
Estas hadas suelen medir de 15 a 45 cm.,
y entre ellas Mab es considerada como reina.
Mab está relacionada con el poder de crear la ilusión en los humanos dormidos:
Paseándose en su pequeñísima carroza cerca del durmiente va generando toda índole de sueños, pues como es sabido los mortales dormidos son presa fácil
de las hadas, y más aún cuando se trata de una de sus reinas.
Shakespeare, en su obra “Romeo y Julieta” describe a Mab y su engañoso poder, en el famoso monólogo de Mercurio, el atormentado amigo de Romeo.
- Mercurio - ¡OH! Ya veo, pues, que ha estado con vos la reina Mab. Es la
Partera de las ilusiones, y llega bajo un tamaño no más grueso que el ágata que brilla en el dedo índice de un regidor, arrastrada por un tronco de atomísticos corceles, a pasearse por las narices de los hombres mientras están dormidos.
Los radios de las ruedas de su carroza están fabricados de largas patas de araña; la cubierta, de alas de saltamontes; las riendas, de finísimas
telarañas; los arneses, de húmedos rayos de Luna; su látigo, de un hueso de grillo; la tralla , de una hebra sutil; su cochero, un pequeño mosquito de librea gris, ni la mitad tan grande como el redondo gusanillo que se extrae con la punta de un alfiler del perezoso dedo de una doncella.
Su carroza es la cáscara de una avellana, labrada por la carpintera ardilla o el viejo gorgojo, desde antiguos tiempos artífices de carruajes de hadas.
Y en ese tren galopa, noche tras noche, por los cerebros de los enamorados, que en seguida sueñan con amores; sobre las rodillas de los cortesanos que al punto sueñan con reverencias; por los dedos de los abogados, que al instante sueñan con minutas; sobre los labios de las damas, que acto seguido sueñan con besos, labios que Mab, enfurecida, infecta a menudo, atormentándolos con ampollas, por haber viciado el aliento con golosinas aromáticas.
Algunas veces cabalga sobre la nariz de un palaciego, y entonces sueña que ventea una promoción; y otras con el rabo de un lechón del diezmo cosquillea en la nariz de un párroco mientras esta dormido, e instantáneamente sueña en la prebenda inmediata.
También se pasea por el cuello de un soldado, y al momento sueña con degüellos de enemigos, brechas, emboscadas, hojas españolas, brindis y tragos de cinco codos. Y entonces sueña de repente el tambor en sus oídos, con lo cual él da un salto y se levanta, y con semejante susto, reniega una oración o dos y se duerme de nuevo.
Esta Mab es la misma que trenza las crines de los caballos en la noche y conglutina las greñas de los duendes en sucios y feos nudos, que una vez desmarañados pronostican grandes desventuras. Ésta es la bruja, que cuando las doncellas duermen de espaldas, las oprime y les enseña a resistir por primera vez, haciendo de ellas mujeres de buen llevar.
Ésta es la…… ( fragmento de la obra Romeo y Julieta. W. Shakespeare)
Un aspecto interesante de este pasaje es el hecho de que cada durmiente sueña con lo que es o con lo que desea, siendo el sueño una proyección de sus ilusiones, a las que al parecer Mab aviva y otorga alas.
John Anster Fitzgeral concibió un ciclo de pinturas de “sueños”; en ellas se ve en primer plano al durmiente rodeado de figurillas fantásticas, y cada durmiente sueña con su sueño, que representa en un vaporoso segundo plano:

La joven sueña con el amor................
El artista – el mismo Fitzgerald- con la gloria: esta siendo coronado por un grotesco personaje, mientras que su etérea modelo, una bella sílfide, posa bajo una flor.

Esta obra, “El sueño del artista”………
Nos lleva a citar un hermoso cuento de RUBEN DARIO (1867-1916).
EL VELO DE LA REINA MAB, en el cual el hada confiere dulces esperanzas a cuatro artistas fracasados.
- La Reina Mab, en su carro hecho de una sola perla, tirado por cuatro coleópteros de petos dorados y alas de pedrería, caminando sobre un rayo de sol, se coló por la ventana de una buhardilla donde estaban cuatro hombres flacos, barbudos e impertinentes, lamentándose como unos desdichados.
Por aquellos tiempos, las hadas habían repartido sus dones a los mortales.
- A unos habían dado las varitas misteriosas que llenan de oro las pesadas cajas del comercio; a otros unas espigas maravillosas que al desgranarlas colmaban las trojes de riqueza; a otros, unos cristales que hacían ver en el riñón de la madre tierra, oro y piedras preciosas; a quiénes, cabelleras espesas y músculos de Goliat, y mazas enormes para machacar el hierro encendido, y a quiénes, talones fuertes y piernas ágiles para montar en las rápidas caballerías que se beben el viento y que tienden las crines en la carrera.
Los cuatro hombres se quejaban. Al uno le había tocado en suerte una cantera, al otro el iris, al otro el ritmo, al otro el cielo azul.
La reina Mab oyó sus palabras.
Decía el primero:
- ¡Y bien! ¿Heme aquí en la gran lucha de mis sueños de mármol! Yo he arrancado el bloque y tengo el cincel. Todos tenéis, unos el oro, otros la armonía, otros la luz; yo pienso en la blanca y divina Venus, que muestra su desnudez bajo el plafón del cielo.
Yo quiero dar a la masa la línea y la hermosura plástica; y que circule por las venas de la estatua la sangre incolora como la de los dioses.
Yo tengo el espíritu de Grecia en el cerebro, y amo los desnudos en que la
ninfa huye y al fauno tiende los brazos. ¡OH Fidias! Tú eres para mi soberbio y augusto como un semidiós en el recinto de la eterna belleza, rey ante un ejército de hermosuras que a tus ojos arroja el magnífico Kiton, mostrando la esplendidez de la forma en sus cuerpos de rosa y nieve.
“Tu golpeas, hieres y domas el mármol, y suena el golpe armónico como un verso, y te adula la cigarra, amante del sol, oculta entre los pámpanos de la viña virgen. Para ti son los Apolos rubios y luminosos, las Minervas severas
y soberanas. Tú, como un mago, conviertes la roca en simulacro y el colmillo de elefante en copa de festín. Y al ver tu grandeza siento como el
martirio de mi pequeñez. Porque pasaron los tiempos gloriosos. Porque tiemblo antes las miradas de hoy. Porque contemplo el ideal inmenso y las fuerzas exhaustas.
Porque a medida que cincelo el bloque me atenaza el desaliento.
Y decia el otro:
- Lo que
es hoy romperé mis pinceles. ¿Para qué quiero el iris y esta gran paleta de
campo florido, si a la postre mi cuadro no será admitido en el salón? Que
abordaré. He recorrido todas las escuelas, todas las inspiraciones artísticas.
He pintado el torso de Diana y el rostro del a Madona. He pedido a las campiñas sus colores, sus matices; he adulado a la luz como a una amada, y la he abrazado como a una querida. He sido adorador del desnudo con sus
magnificencias, con los tonos de sus carnaciones y con sus fugaces medias
tintas. He trazado en mis lienzos los nimbos de los santos y las alas de los
querubines. ¡Ah! Pero siempre el terrible desencanto. ¡El porvenir! ¡Vender una Cleopatra en dos pesetas para poder almorzar!
Y decía el otro:
- Perdida mi alma en la gran ilusión de mis sinfonías, temo todas las decepciones. Yo escucho todas las armonías, desde la lira de Terpandro hasta las fantasías de Wagner. Mis ideales brillan en medio de mis audacias de inspirado. Yo tengo la percepción del filósofo que oyó la música de los astros. Todos los ruidos pueden aprisionar, todos los ecos son susceptibles de combinaciones. Todo cabe en la línea de mis escalas cromáticas.
“La luz vibrante es himno, y la melodía de la selva halla un eco en mi corazón. Desde el ruido de la tempestad hasta el canto del pájaro, todo se confunde y enlaza en la infinita cadencia.”
“Entretanto, no diviso sino la muchedumbre que befa, y la celda del manicomio.
Y el último:
- Todos bebemos del agua clara de la fuente de Jonia. Pero el ideal flota en el azul; y para que los espíritus gocen de la luz suprema es preciso que asciendan. Yo tengo el verso que es de miel, u el que es de oro, y el que es de hierro candente.
“Yo soy el ánfora del celeste perfume: tengo amor Paloma, estrella, nido, lirio, vosotros conocéis mi morada. Para los vuelos inconmensurables
tengo alas de águila que parten a golpes mágicos el huracán. Y para hallar consonantes, las busco en dos bocas que se juntan; y estalla el beso y escribo la estrofa, y entonces, si veis mi alma, conoceréis a mi musa. Amo las epopeyas, porque de ellas brota el soplo heroico que agita las banderas que ondean sobre las lanzas y los penachos que tiemblan sobre los cascos; los cantos líricos, porque hablan de las diosas y de los añores; y las églogas, porque son olorosas y verbena y tomillo, y el santo aliento del buey coronado de rosas. Yo escribiría algo inmortal; mas me abruma un porvenir de miseria y de hambre”
Entonces, la reina Mab, del fondo de su carro hecho una sola perla, tomo un velo azul, casi impalpable, como formado de suspiros, o de miradas de ángeles rubios y pensativos. Y aquel velo era el velo de los sueños, de los dulces sueños, que hacen ver la vida de color de rosa. Y con él envolvió a los cuatro
hombres flacos, barbudos e impertinentes. Los cuales cesaros de estar tristes,
porque penetro en su pecho la esperanza, y en su cabeza el sol alegre, con el diablillo de la vanidad, que consuela en sus profundas decepciones a los pobres artistas.
Y desde entonces en las buhardillas de los brillantes infelices, donde flota el sueño azul, se piensa en el porvenir como en la aurora, y se oyen risas que quitan la tristeza, y se bailan extrañas farándulas alrededor de un blanco Apolo, de un lindo paisaje, de un violín viejo, de un amarillento
manuscrito.
FIN DEL CUENTO DE RUBEN DARIO

Nos hemos referido al poder onírico de Mab como su principal atributo, pero, ¿cómo es Mab?. Esta hada, a pesar de su realeza, tiene rasgos populares, de los cuales muchos poetas son bien conscientes, como lo fue BEB JONSON (1572-1637) en estos versos:
Esta es Mab, la señora – Hada,
que por la noche roba en la lechería;
y puede perjudicar o ayudar a hacer la mantequilla,
(según le apetezca) sin discernir…
¿Desnudaremos a la bromista saltarina?
Esa es ella, la que vacía cunas,
se lleva al niño y deja un cazo;
arrastra a las comadronas en un sueño,
cuenta los agujeros de un cedazo.
Y luego las conduce, desde sus fuertes, a casa por estanques y canales.
Füssli la representa coronada con media luna y larga varilla apoyada en su brazo, irradiando luz alrededor de su cabeza… Pero a pesar de estos solemnes atributos, la postura y la expresión del hada hacen de ella una joven
divertida, desenvuelta y traviesa, más que una reina aristocrática.

Otro pintor, Henry Meynell Rheam, la representa en el linde de un bosque, casi confundida con el entorno y con un gesto autoritario de su varita parece dirigir a un buen número de gnomos que parecen muy atentos a sus indicaciones.

William Turner, el gran artista inglés, muy original y avanzado en sus concepciones pictóricas al
arte de su época, por sus soluciones centradas en los juegos de luz y atmósfera, en el cuadro que aquí dejo, pertenece a su etapa más abstracta, nos sugiere un hábitat de Mab como una gruta misteriosa en medio de las aguas. Todo el sugestivo paisaje está bañado
de una luz dorada. Flotan en los aires o nadan en las ondas diminutos seres feéricos, que no parecen estar limitados por ninguna de las leyes naturales. Encima de la gruta hay una etérea arquitectura, ¿ es quizás el palacio de ilusiones de la soberana? Esta obra es notable por su calidad y poco común en su factura entre los artistas feéricos, que por lo general son detallistas y anecdóticos. El genio de Turner sabe conferir con medios totalmente pictóricos lo que otros artistas lograrían a base de la literalidad minuciosa.
Fuente: Elfos y Hadas en la Literatura y el Arte
Montaje y Recreación:
